Lo primero que tienes que saber si estás pensando en cambiar un suelo exterior es que no todas las opciones sirven para lo mismo. La elección depende de lo que buscas a nivel estético, del uso que va a tener el espacio y del mantenimiento que quieres asumir.
El hormigón impreso es una buena opción cuando quieres un acabado decorativo, personalizable y continuo. Permite elegir diseño, color y textura, no se mueve con el tiempo y es fácil de mantener, por eso se usa mucho en jardines, entradas, terrazas y piscinas.
Por otra parte, el hormigón pulido o fratasado suele elegirse cuando se busca un aspecto más liso y sencillo. Es habitual en garajes, zonas de paso o espacios donde prima lo práctico frente al diseño, aunque ofrece menos posibilidades estéticas que el impreso.
En cambio, el adoquín encaja cuando se quiere un estilo más tradicional o rústico. Queda bien visualmente, pero requiere más mantenimiento, puede moverse con el tiempo y las juntas suelen acumular suciedad o hierbas si no se cuidan.
Por eso no hay una opción mejor en general, sino una más adecuada según el espacio y el resultado que tengas en mente.